Me sorprendió el título de uno de los últimos libros de Byung-Chuld Han: “El espíritu de la esperanza” (2024). Después me he dado cuenta de que tiene sentido dado los orígenes marxistas del autor y su modo de analizar el sistema cuando lo entiende como una infocracia, según pude contemplar en el muy interesante texto que tienen ese título y que profundiza en la centralidad que ejerce la información con su diversidad tecnología en la auto explotación del propio ser humano que llega a su culmen con la IA. ya que no se necesita ni la intervención externa de los poderes fácticos como en la anterior etapa.
La esperanza no es una palabra que hoy tenga muy buena imagen precisamente. La paradoja reside es que parece más necesaria que nunca como se deduce de la lectura del libro de este preclaro pensador que no desdeña a casi ningún autor que haya abordado este tópico, aunque no duda en ejercer su juicio crítico y en construir su propio discurso al respecto con soltura y valentía. Parece en este sentido también un modelo para nuestra inspiración.
Este concepto que tiene que ver con la espera más que oponerse al presente es como un remedio para el temor respecto al porvenir y como nos dice nuestro autor: parece la antítesis de la angustia, aunque tiene en común con ella, la ambigüedad respecto del objeto de tal manera que ambas están en el campo de nuestro estado de ánimo, la esperanza nos abre las puertas al aquí, nos facilita estar, nos serena y permite abrirnos al mundo.
Incluso la esperanza cristiana no nos lleva a una pasividad inactiva, nos impulsa a romper con lo antiguo y enfrentarnos a lo nuevo como nos indica nuestro autor citando a J. Moltmann y su teología de la esperanza. Incluso nos lleva al corazón inquieto llevándonos a enfrentarnos a los retos y a abrazar el espíritu de la revolución.
La esperanza inspira a una nueva vida, brota muchas veces desde la desesperación y rebosa de la fe en la existencia, fruto de esa dialéctica. Nos infunde ánimos para expresarnos, para escribir estas palabras sobre ella. Nos impulsa a vivir con sentido el presente y más allá. Nos orienta después de haber caído en el pozo. Y por qué no, nos une con quien nos apoya y señala en camino para volver con una mirada espiritual a un horizonte pleno de porfía.
El contenido de este estado espiritual esperanzado, depende de encontrarle sentido a los pasos que vamos dando más que al resultado obtenido. Sin duda ahí está la Luz que veo gracias a tí esperanza, amiga y espíritu de vida.
Para saber más:
BYUNG-CHUL HAN “El espíritu de vida” Herder 2024
Notas a pie de página.
La coincidencia de esta entrada con la venida del Santo Padre es bastante significativa, aunque yo no sabía nada de este viaje a nuestro país cuando algo me llevó a leer este libro inspirador.
Aquí quiero darle las gracias al gran escritor alemán de origen surcoreano y a unos amigos pertenecientes al movimiento de cristianos de base que me apoyaron tanto, cuando estuvimos en el Polígono Sur dando clases, y por todo lo aprendido en la Coordinadora de Educación del barrio,a Rosario y María.


